Escucho la lluvia golpear la ventana de mi cuarto, la
cobija que cubre mi cuerpo no es suficiente para sentir el calor que tu cuerpo
provocaba en mí. La soledad es mi amiga, no puedo dejarla, es mi confidente,
con la que quiero vivir.
Recuerdo la primera vez que dijiste que me amabas,
cuando tus labios tocaron los míos y sentí por primera vez escalofrío y
calor.
Quedará en el pasado, lo que mi corazón te dio, lo que
mi alma sintió, quedará en el pasado como tus ojos me desnudaban cuando mi
camisa caía al suelo, cuando tu labios besaban mi pecho y acariciabas con
suavidad mi espalda.
Escucho pasos acercándose a mi cuarto, no eres tu; la
cobija que cubre mi cuerpo ya no es suficiente para abrigar los sueños e
ilusiones que imaginamos juntos.
Ahora ya no estás, no volverás, solo la soledad de las
noches de nuestro pasado vivirá por siempre y yo despertaré todos los días,
mirando aquella ventana e imaginando el vidrio empañado y tu figura
desvaneciéndose entre mis suspiros.