Todo se derrumbaba, llovía más duro, el viento soplaba
en todas las direcciones y sólo podía escuchar tu nombre en cada susurro, las
noches fueron largas y pesadas, mis ojos empezaban a borrar tu cuerpo, tu
sonrisa; mis labios empezaban a olvidar tu sabor, a no extrañar tus besos.
Perder la mente intentando encontrar una manera de
volver a ti, encontrar las fuerzas para poder dejarte ir, ser paciente y
esperar sentado, desnudo en una cama vacía, testigo de tantas pasiones, tantas
sonrisas, tantas miradas y suspiros...
Recuérdame sentado en la orilla del mar, recuerda mi
cuerpo bañado de arena, recuerda mis labios secos por la falta de tacto,
recuerda esa noche en la que dijiste adorar todo de mi, recuerda tus luchas
imaginarias por volver y botar tu orgullo a la calle.
Te regalo mi despedida, llena de lagrimas y sonrisas
locas, te regalo mi despedida como símbolo de que la ventana queda abierta para
cuando quieras abrirla a escondidas, meterte en silencio y tocar mi cuerpo, la
dejo abierta para que cuando quieras me veas dormir como yo lo hice cada vez que
cerrabas los ojos y pensabas en él, la dejo abierta para que cuando sientas la
necesidad de mi compañía, me pidas con una rosa en tu mano que te acompañe por
el camino sombrío que prometiste caminar junto a mí.